–Misa del día– 8o Domingo de Pascua

Esta misa se emplea en la tarde del sábado, ya sea antes o después de las primeras vísperas del domingo de Pentecostés.

Antífona de Entrada

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya.

[Misa]

Se dice «Gloria».

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual
durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para
que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu
Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Sobre mis hijos e hijas derramaré mi Espíritu

Lectura del libro del profeta Joel
3, 1-5

Así dice el Señor:
«Yo derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres. Sus hijos e hijas
profetizarán, sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes tendrán visiones. Y en
aquellos días derramaré mi Espíritu hasta sobre siervos y siervas.
Y haré prodigios en el cielo y en la tierra; sangre, fuego y columnas de humo;
el sol se convertirá en oscuridad y la luna en sangre, al acercarse el día del
Señor, grande y terrible. Pero todo el que
invoque el nombre del Señor se salvará, porque en el monte Sión y en Jerusalén
encontrarán refugio, como ha dicho el Señor, y los que llame el Señor estarán
entre los sobrevivientes».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 103, 1-2a.24-35c.27-28.29bc-30

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en un manto de luz.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Todos, Señor, están pendientes de ti y esperan que les des la comida a su tiempo. Tú las das y ellos la toman, abres tu mano y quedan saciados.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Si retiras tu soplo, expiran y regresan al polvo; envías tu Espíritu, los creas, y renuevas la superficie de la tierra. El Señor verá a los justos con complacencia.

Segunda Lectura

El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
8, 22-27

Hermanos: Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores
de parto hasta el presente. Pero no sólo ella; también nosotros, los que
poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para
que Dios nos haga sus hijos y libere nuestro cuerpo. Porque ya estamos salvados,
aunque sólo en esperanza; y es claro que la esperanza que se ve no es
propiamente esperanza, pues ¿quién espera lo que tiene ante los ojos? Pero si
esperamos lo que no vemos, estamos aguardando con perseverancia.
Asimismo, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no
sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por
nosotros con gemidos que no se pueden expresar. Por su parte, Dios, que examina
los corazones, conoce el pensar de ese Espíritu, que intercede por los creyentes
según la voluntad de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la
llama de tu amor.
Aleluya.

Evangelio

Manarán torrentes de agua viva

† Lectura del santo Evangelio según san Juan
7, 37-39

Gloria a ti, Señor.

El último día, el más importante de la fiesta, Jesús, de pie ante la
muchedumbre, afirmó solemnemente:
«Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba. Como dice la Escritura, de lo más
profundo de todo aquél que crea en mí brotarán ríos de agua viva».
Decía esto refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyeran en él. Y es
que aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Se dice «Credo».

Oración sobre las Ofrendas

Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu sobre estos dones que te
presentamos, para que, al participar en ellos, tu Iglesia quede inundada de tu
amor y sea ante todo el mundo signo visible de la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

La venida del Espíritu Santo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo.
Aquel mismo espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el
Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había
dividido en diversidad de lenguas.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y arcángeles, cantan sin cesar el
himno de tu gloria:
[Misa]

Antífona de la Comunión

El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: «El que tenga sed, que venga a mí y beba». Aleluya.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del
Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que
vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.

[Misa]